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El tratamiento médico de la diabetes

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El tratamiento médico convencional de la diabetes intenta controlar los niveles de glucosa en la sangre a través de la dieta, el ejercicio y en muchos casos medicamentos. En el caso de la diabetes tipo 1 el uso de  insulina es estrictamente necesario. El tratamiento médico de la diabetes ha tenido notables avances años recientes. Sin embargo, no está exento de problemas, entre ellos el hecho de que algunos medicamentos antidiabéticos pueden tener efectos sumamente perjudiciales a largo plazo.

Diabetes tipo 1

Aunque se ha intentado curar la diabetes tipo 1 por medio de trasplantes de páncreas, en la mayoría de los casos esto no ha tenido los resultados deseados. La tasa de mortalidad durante el año posterior a la operación es alta y además alrededor de la mitad de los recipientes de páncreas lo rechazan. Por otra parte, los medicamentos que deben tomarse para evitar el rechazo tienen unos efectos secundarios que pueden ser sumamente severos, de modo que para la gran mayoría de las personas que padecen de diabetes tipo 1, ésta es una enfermedad que dura toda la vida y para controlarla necesitan inyectarse insulina una o más veces al día, además de prestar atención especial a la dieta y el ejercicio. Las dosis de insulina necesarias no son las mismas para todas las personas. Más aún, la dosis puede variar de día a día en una misma persona, dependiendo de factores tales como: los niveles de estrés a que se ha estado sometido, si se ha estado haciendo ejercicio, e incluso de si se ha estado sufriendo de un resfriado.

Al presente, la insulina se provee por medio de inyecciones. Debido a que los ácidos digestivos del estómago destruyen la insulina hasta ahora no ha sido posible administrar ésta por la vía oral. En la actualidad una compañía británica está ensayando un nuevo tipo de cápsula, que en pruebas preliminares ha demostrado que es absorbida por el organismo y aumenta en forma apreciable el nivel de insulina en la sangre. Por otra parte, se han probado otros medios tales como aerosoles nasales. Sin embargo, estos métodos han presentado problemas debido a las diferencias individuales que hacen que algunas personas absorban mejor la insulina que otras por estas vías alternas. Esto hace difícil determinar y controlar las dosis requeridas. A finales de enero de 2006 se aprobó en Europa para uso por parte de personas adultas un sistema de inhalación de insulina fabricado por la compañía Pfizer llamado Exubera. Un día después la Administración de Alimentos y Drogas de los Estados Unidos (FDA) lo aprobó también. Exubera es el primer nuevo sistema de administración de insulina que es aprobado desde que se descubrió esta hormona en la década de 1920. En pruebas clínicas se ha encontrado que este sistema puede ser tan efectivo como la insulina inyectada. Con esto no se eliminaría totalmente la necesidad de inyectarse insulina ya que lo que se propone es utilizar la insulina inhalada antes de las comidas y las inyecciones de insulina en otros momentos. El problema principal que se ha planteado hasta ahora es la posibilidad de que el uso a largo plazo pueda causar daños a los pulmones. Por esta razón la FDA señala que las personas que padezcan de enfermedad pulmonar pobremente controlada o inestable así como aquellas que fuman o que recientemente dejaron de fumar no deben usar Exubera. Otro aspecto a considerar es que las dosis administradas por medio de inyecciones son más precisas en cuanto a la cantidad de insulina suministrada.

Existen varios tipos de insulina inyectable. Éstas se clasifican de acuerdo a la rapidez con que ejercen su efecto en el organismo; en insulina de acción rápida (comienza a actuar en unos 20 minutos y su acción dura de 6 a 8 horas), insulina de acción intermedia (comienza a actuar de una a tres horas después de haber sido inyectada y su acción dura de 18 a 26 horas), e insulina de acción lenta (comienza a actuar luego de seis horas pero su acción dura de 28 a 36 horas).  Seleccionar la dosis y el tipo de insulina a usar es una tarea un tanto compleja que se basa en diversos factores tales como: cuán precisamente una persona desea controlar sus niveles de insulina (un control preciso requiere cotejar frecuentemente sus niveles de glucosa para ajustar la dosis), cuán variada es la actividad diaria de la persona, cuán estables son sus niveles de glucosa y cuán dispuesto y capaz se muestre una persona para aprender acerca de su enfermedad.

Lograr un control preciso requiere por lo general varias inyecciones diarias y utilizar más de un tipo de insulina. Algunas personas desarrollan resistencia a la insulina. En algunos casos el cuerpo produce anticuerpos que atacan la insulina e interfieren con la labor de ésta. Esto sucede principalmente porque la insulina que se utiliza para inyectarse no es totalmente idéntica a la manufacturada por el cuerpo humano. Las personas que desarrollan este problema deben inyectarse dosis de insulina sumamente elevadas.

Reducción de Peso y Diabetes

En varios lugares a través de este sitio, señalamos que la reducción de peso es de gran ayuda a las personas diabéticas. Se ha encontrado que además, puede evitar que las personas que están en alto riesgo de contraer diabetes lleguen a padecerla. En la Universidad George Washington en Maryland se llevó a cabo un estudio en el que se encontró que las personas que participaron en un programa de al menos 150 minutos de ejercicio a la semana, combinado con una reducción de peso del 7 por ciento, tuvieron una incidencia de diabetes 58 porciento menor que otro grupo que no participó en el programa.

Actualmente existen las llamadas bombas de infusión de insulina. Éstas se introducen en el cuerpo y van liberando la insulina a un ritmo predeterminado. Con este método es posible realizar un control más exacto o estricto de los niveles de glucosa en la sangre. Esto tiene unas grandes ventajas ya que se ha demostrado que un control estricto de la glucosa evita complicaciones y protege los riñones, los ojos y los nervios. Un estudio publicado en diciembre de 2005 en el New England Journal of Medicine demostró, que además tiene un marcado efecto protector sobre el corazón y los vasos sanguíneos, reduciendo grandemente la incidencia de infartos, enfermedades cardiovasculares  y apoplejías. Por otra parte, algunos pacientes se sienten incómodos con este tipo de tratamiento ya que la bomba de insulina debe estar colocada continuamente, lo que algunas personas consideran una gran molestia. También pueden ocurrir complicaciones tales como cetoacidosis e infecciones  relacionadas con la bomba de infusión. Otro factor es que no todos los médicos están suficientemente familiarizados con este método. Sin embargo, los beneficios muchas veces pueden ser muy superiores a los riesgos.